martes, 24 de septiembre de 2013

24 de septiembre de 1810. Las Cortes de la Real Isla de León



Letras para una efeméride

Seguiriyas (con terceto macho)

(Escena 4ª. La cárcel. 
Napoleón a Fernando VII,  en Bayona) 

Hemos hecho un trato:
tu trono ya es mío.
Ay, que por treinta malditos dineros
tú me lo has vendío.

Y no estás preso,
y tampoco eres libre.
¡Qué malo es eso!

....

Te tengo en mis manos
 y a tu pueblo, en vilo.
Como a los muñecos del titirimundi
 te muevo los hilos.

Lo malo es eso:
que tampoco eres libre
no estando preso.

Fandango natural

(Escena 5ª. La mesa.
La Isla. Isla de León. San Fernando)

Fragua.
Una isla hay en la mar
que es un corazón de fragua.
Y en ese yunque de sal,
con el martillo del agua,
se forjó la libertad.

Soleá (de tres octosílabos)

(Escena 6ª. El Deseado.  
Fernando VII,  el Rey Felón, firma de la Constitución de 1812)

Solo porque me interesa,
mi palabra vengo a dar, 
que vale menos que cuesta.

(Del libreto para el ballet flamenco "Rúbrica")

* Rúbrica, del bailaor David Nieto, se estrenó en el Real Teatro de las Cortes el día 4 de diciembre de 2010, en sesión doble, con motivo de la celebración del Bicentenario de las Cortes (1810-2010), bajo la dirección de Javier Marín.


FICHA TÉCNICA:
‘Rúbrica. 1810. Cuando se firmó la libertad’. 
Ballet flamenco de David Nieto.
Estreno nacional absoluto.
Coproducción:  Real Teatro de las Cortes - Azalea Espectáculos.
Dirección: Javier Marín.
Coreografía: David Nieto.
Letras:  Ricardo Bermejo
Solista: David Nieto. 
Cuerpo de baile: María José Canicova, Marisol Funcilla y José Cortés.
Músicos: Jaime de la Isla, Keko Baldomero y Juan José Alba (guitarra); Emilio Martín (violín); 
Edu Gómez (percusión).
Cantaores: Saray Muñoz y David Carpio.
Programa: Farruca, rondeña, seguiriyas, sevillanas, fandangos, cantiñas, soleá y tanguillos.
Real Teatro de las Cortes. San Fernando, 4 de diciembre de 2010.

martes, 17 de septiembre de 2013

Reincidencias














Acuarela. José Luis López (Kubi)

A la hora estimada de las misericordias,
cuando ya no se espera sino dejar atrás
el cadáver retórico de a saber qué ideales,
la turbia impedimenta de la fe,
la plata de los puentes combados por el peso
del humo de lo humano en su diáspora;
pasaban sin resuello y sin destino.

A toda luz, pasaban los trenes a esa hora.

A la hora de la sal bajo las sementeras,
cuando en los intersticios se pudren la raíces
de los días de mañana, y verdea el vano ayer
en atroces quijadas fratricidas,
y algo como sin pulso ni substancia revienta
salpicándolo todo de silencio;
pasaban como un sordo escalofrío.

Inauditos, pasaban los trenes a esa hora.

A la hora de las llaves huérfanas y las puertas
sacadas de sus quicios en las casas derruidas,
cuando el dolor se aloja en las salas de estar
y apenas ser de los exilios, y urge
desclavarse la astilla de una palabra rota
y sentir la punzada del regreso;
pasaban sigilosos y elocuentes.

Golpe a verso, pasaban los trenes a esa hora.

Y también a la hora en que el mundo parece
huir, pero no logra escapar de sí mismo;
pasan sin detenerse en cada culpa.

A todas horas, pasan los incesantes trenes. 

Igual que pasan vientos que nos pierden.
Igual que pasan vientos que nos salvan.

                                            ("Fluencia & despedida". Málaga, 2013)