martes, 26 de noviembre de 2013

El peso de las tartas


Hay muchas caras -demasiadas ya y cada vez más duras- que se ganan a pulso -día a día, rictus a rictus- su desairado papel en la puesta en escena de un tartazo. Las hay de todos los colores, en todos los ámbitos y a todos los niveles. Caras a las que les resulta más fácil esquivar el peso de la ley que el ingrávido merengue de una tarta. Caras de reírse de todos y de todo. Impunes caras. Caras carísimas que, a pesar de ser tan duras, son aseguradas a todo riesgo. Caras que, tras la puntual y excepcional performance de un tartazo, apelan a cuestiones generales de respeto y autoridad para endurecer las leyes. ¿? Con no ser un tartazo la manera más plausible de manifestar indignación y desprecio, entreverado todo con una fina veta de impotencia, no es menos cierto que poquísimas de estas caras se han visto enmerengadas en mitad de su fiesta pública, frente al íntimo duelo de tantos; y no por falta de merecimiento por una parte o de ganas por la otra, sino porque las personas verdaderamente honradas sienten y saben que hay rostros que no valen ni el huevo de una tarta y, sobre todo, que con las cosas de comer no se juega. Cuando a estas personas no les quede harina para hacer, no ya una tarta, sino el pan de cada día: a ver quién da la cara.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Fragor de otra batalla

















El tiempo necesario
para pensarme entre los mesnaderos
que –cuadro a cuadro- libran su farsalia
nunca es suficiente.

También tú,
mirándome pensar, dejas que pase
el tiempo de tu turno

                         -el suficiente
e innecesario lapso de poner
a salvo de batallas virtuales
la estrategia real que hay en nosotros-

y decides pasar al cuerpo a cuerpo.

(Del libro "Fundamentos portátiles", 2006)