martes, 8 de abril de 2014

ars amandi






















Amagos (II) 

Algunos días pongo una mano en la nieve
y la otra en el fuego. Entonces, hago
como que soy consciente
de mis contradicciones. Y no tomo
partido ni aun por lo que me concierne.
Y dejo que una mano se me escarche
y no evito que la otra se me queme.
Y todo es nada más que una manera
de llamar tu atención. Y eso no tiene
por qué darme lo mismo.

Algunos días pongo perdidos los papeles
de tizne azul. Entonces,
hago como que escribo unas endebles
endechas o que pinto pensamientos
frente al mar. E imagino cómo llueve
en otro patio, en otra parte, en otros
días que ni siquiera serán viernes
(como hoy tampoco lo es). Y, cuando escampa,
te dedico la luz. Y eso no tiene
por qué darte lo mismo.

Algunos días pongo comida para peces
en un vaso de ron. Entonces, hago
como que me apetece
tocar fondo, irme a pique, degustar
el plancton puro del delirium tremens.
Y brindo por mis sueños asfixiados,
y mis trenes perdidos, y esta especie
de ebriedad infinita, y esta sed
tan mía si es de ti. Y eso no tiene
por qué darnos lo mismo.

Algunos días pongo tu amor entre paréntesis
y el mío en cuarentena. Entonces, hago
como si algo estuviese
curándonos de algo desde dentro.
Y es una extraña sensación volverse
hacia la cicatriz que se nos queda
de todo en el envés. Y duele adrede
la vida que llevábamos, la vida
que nos lleva una vez en su corriente.

La vida misma. Algunos días. Ahora.


       ("Rendezvous". Alicante, 2014)

miércoles, 2 de abril de 2014

ergo sum



Devaneo ergotista

Bien está que intentes pensar que existes,
mas no trates de existir sólo en tu pensamiento.
Cógete de la mano.
Date una vuelta por los alrededores
de ti mismo. Regálate
la flor sin pretensiones que cultiva
para nadie el furtivo jardinero
que no te piensa y es
el que piensas que no eres.

("Fundamentos portátiles", 2006)