miércoles, 7 de mayo de 2014

Fluencia & despedida (2)


















Infiltraciones (o breve tratado de la lluvia)

III                          

 (...) porque ya cae la lluvia minuciosa. 
Jorge Luis Borges

Cuando hundo las manos
en los bolsillos de mi gabardina
(porque chispea y querría
tocar la lluvia desde dentro)
algo funde las llaves extraviadas
y mis poros se colman
de esa intacta aleación de lo entrañable.

Llevo puesta mi desnudez:
la pátina cianótica
de los charcos que retratan mi huida.

Amasar lo inefable
(y a la vez pretender que las palabras
basten para salvarnos)
no es un oficio sino un don:

como este,
                        minucioso,
                                               de la lluvia.
             
IV

Esta tarde llueve, como nunca (...)
Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
César Vallejo

Cuando una dulcedumbre de castañas
eriza el sosiego de los zarzos
sé que ha llovido a tiempo.

Y llueve aún. Y rebosa,
de unos cubos de zinc a la intemperie,
el sabor taciturno de las nubes.

Como el infuso almíbar de esta tarde
una canción de corro
inunda el cielo de mi boca.

No cesa el borboteo.
Ni dentro ni fuera. Ni nunca.

Y aunque todo parece ser lo que es:
la sabrosa nostalgia de un amor
y un pertinaz indicio de la muerte,
este poema aún no lo he escrito. 

(Del libro "Fluencia & despedida. Diputación de Málaga, 2013)

sábado, 3 de mayo de 2014

Fluencia & despedida

Hai tres temas:
o amor, a morte
e a chuvia
desde que o home existe. 
Ramón Caride

Infiltraciones (o breve tratado de la lluvia)

I

¿Así que el tiempo es esto (...)
esta lluvia en los claustros (...)
Miguel Sánchez Robles

Cuando oigo la lluvia
desprenderse de sí
cada desinencial salpicadura
me reconcilia con la voz del tiempo,
con el vuelo inaudito de los ríos.

El tamtan remotísimo
de mi corazón niño
retiembla en son de despedida
en la piel de los belvederes.

Jamás cuento las gotas
que tararean lloviznas
cuyo estribillo es la palabra farewell.

Nunca, a ninguna edad.

Solamente las oigo desprenderse
y caer
y salpicarme de mí mismo.

II                           

(...) quiero que el cielo llueva como antes.
Mario Benedetti

Cuando el cielo y la tierra
convergen en olor
todo es más alto, más ancho, más hondo.

Durante la escampada
aspiro esa fragante plenitud.

Hay aromas que son de talla única.
Y este es uno de ellos: 
este campo mojado.

La vereda por donde voy
es la que viene de mí.
La acequia por donde vengo
es la que va a mis raíces.
Ambas huelen a membrillos caídos.

Lo que se evoca son las pérdidas.

Y ya no llueve como ayer.
  
(Del libro "Fluencia & despedida". Diputación de Málaga, 2013)