jueves, 29 de diciembre de 2016

Misma alteridad


















Aquí me tienes, vida, recién otro,
vasallo del que fui, siéndote el mismo
descalabrado afán.

         Frente al perchero
de tu zaguán en obras, con las prisas,
siempre cojo el abrigo equivocado.

Heme aquí, bajo palio de quimeras,
al pairo la razón, y por esquife
un palmo de ansiedad.
                                           
                                            En ti me salvo,
yéndome a pique, vida, pues me calzas
las prodigiosas botas de tus cuentos,
a sólo siete leguas de mí mismo,
a un paso de alcanzarte, vida mía.


("Diva vida". Ed. Pre-Textos, 2003)


martes, 22 de noviembre de 2016

Para que te pongas en mi piel












Uso utópico

Con tal de que la piel tome partido
por la verdad que envuelve, por el gozo
de ser nuestra frontera con el mundo,
el celofán vibrante del regalo
-inapreciable a tientas- que es la vida;
hoy, como de tu mano y doy las gracias
por esta sumisión que me alimenta
y por el albedrío de estremecerme.

También, para que vos me tactes, antes
de que el tiempo me dé mi merecido,
coloreo mis tatuajes invisibles,
saco a orear mi chirlo más profundo.

Y, por si acaso no te has dado cuenta
del manjar que es tu mano, la devoro,
pero no más que así: de simulacro.

Y, para que te pongas en mi piel,
para que no me vengas con ungüentos,
lamo la tuya.

   Y el amor me sabe
a escamas abismándose muy alto,
a plumas que regresan de muy nunca.

                              ("Vos mediante". 2006)


lunes, 7 de noviembre de 2016

Un poema de Miguel Sánchez Robles



Ternura

A veces se produce la infinita ternura,
la alegría de vivir muchas veces mucho,
entonces te enamoras de la belleza de los embalses
y de los manicomios abandonados.
Entonces vas por ahí como un caballo galopa
o un colibrí liba
y te gusta muchísimo estar en el presente
y pensar que el presente
no es otra cosa más que el futuro
que no han podido conocer los que ya están muertos
y ves todas las cosas, miras todas las cosas,
con los ojos de aquellos que ya no pueden verlas.

¡Ternura!
Eso es la ternura,
la infinita ternura,
mirar así las cosas:
con los ojos de aquellos que ya no pueden verlas.


(Miguel Sánchez Robles. "Eternidad de los momentos". León. 2011)

martes, 1 de noviembre de 2016

Como piedra en un pozo


















Como piedra en un pozo,
así mi corazón, ¡con sólo el cielo bajo él y sobre él!

                                             Juan Ramón Jiménez



"Retirado en la paz de estos desiertos"
el poeta se duele de sí mismo

Todo parece gloria estupefacta,
verbo sin luz, discurso balbucido.
No hay voz que no descienda a sus orígenes
ni porvenir que sobreviva al ripio
de los días de destierro y decadencia,
de las horas iguales del hastío.

Soy
como piedra en un pozo, piedra sola
que toca fondo en su abismal delirio.

Cuando intento soñar un horizonte,
adonde llego es ya de donde me he ido.
Mis torpes pies no alzan en las sendas
el inefable polvo de los mitos
ni resuenan siquiera en pedregales
ni huella alguna marcan en los limos.

Soy
como piedra en un pozo, piedra ahogada
en la árida clepsidra del olvido.

El tiempo pasa. ¿O mata? No sé el verbo
que más conviene a este genocidio
de instantes, sueños, versos que alcanzaron
la dignidad allende su espejismo.
Lo que se apaga es luz. Muere quien pierde
sus sombras, sus recuerdos, sus amigos.

Soy
como piedra en un pozo, piedra ronca
de gritarle al silencio sumergido.

De la desesperanza y sus espuelas
dan razón mis ijares malheridos.
Terco caballo de cartón, aguardo,
en el coso profundo del sigilo,
una última caricia que me embride
y me arranque, al galope, algún relincho.

Soy
como piedra en un pozo, piedra inmóvil
donde la noche inmola sus vestigios.

Hoy me parece la elegía un puñado
de humo y compasión y sinsentido,
zarza o abrojo que se abraza al alma
y al corazón, sin conseguir herirlos.
Todo el pesar que cabe ya está dentro.
Y es dolor que rebosa de sí mismo.                              

Pues soy
como piedra en un pozo, piedra amarga
que rezuma las hieles de su sino.

Todo se ha vuelto, de repente, extraño
en esta letanía de lo íntimo:
las palabras son piedras y son pozos
cuando golpean mi ser para decirlo;
y caen a sí mismas, execradas,
desde un brocal donde no tienen sitio.

Como piedra en un pozo, siento arriba
y abajo:
                        cielo,
                                    silencio,
                                                    espíritu ...


                                                (Orden Literaria "Francisco de Quevedo". 
                                                Villanueva de los Infantes. 2016) 


miércoles, 5 de octubre de 2016

Cancioncilla tonta













Tenía un elepé
en donde se decía que
los tiempos
están cambiando.

                                  Sé
que jamás lo escuchó
porque no tenía tiempo…
 y no sabía inglés.

                                   (DeLirios conVersos. Gijón. 2002) 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

A escala












El infinito es un país formado por universos.

Cada universo,
                                un país
de mundos provincianos.

Y aun podría inferirse
que cada mundo es
-sea o no de este reino-
un mapa a escala de la luz,
                        los planos de una casa,
                                   el croquis de una vida.

("La vida que esperábamos". Navia. Asturias. 2014)

lunes, 22 de agosto de 2016

Hilvanes













… quizás en nuestros pies falta un poco de hilo,
falta un poco de hilo,
y los pasos que damos se distancian. 

Luis Rosales


                                              A Maribel Santana


Cojo la luna del fondo del río.
La luna plena, mi jabón de sastre.
Trazo con ella unas holgadas sisas
que bordean las axilas de la tarde.

Qué tupida vicuña azul marino:
el cielo en esta hora, cuando el aire
dispersa los patrones de las nubes
y esconde las tijeras a los ángeles.

No estábamos hablando de costura
ni por hablar. Dijiste que a tu madre
las líneas discontinuas del asfalto
siempre le habían parecido hilvanes.

Ah, qué provisional alegoría
y qué definitivas realidades:
la vida que esperábamos, los pasos
con que el camino de la vida se hace.


("La vida que esperábamos". Navia. Asturias. 2014)


domingo, 7 de agosto de 2016

Plaza de la Alegría

















Foto. Periko Perikon

Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca. 
                                                                            José Hierro


Qué torcaz altozano:
aquel tiempo de afiladas y zuras billardas,
aquel ser de chiripa el rey de las peonzas,
de las suertes fingidas
en pintados astrágalos, en aires triscadores
amputando carneros
a la muerte más coja, a la grey del olvido.
Y qué horda jubilosa,
el sol multiplicado por diáfanas canicas
rodando sus miradas.

Recuerdo algunas calles
con pespuntes de yerba y empedrados enigmas.
Las llamo con los nombres que no tuvo la ausencia,
que no fueron grabados
sino en los azulejos de una verbal costumbre.
Con voces de labranza,
de pájaros, de flores -también de sentimientos-,
las recuerdo y las llamo;
y ellas se desasfaltan, desesquinan auroras
que pisó mi alegría.

No podrá morir nunca
quien embridó su alma con la juncia y el cáñamo,
con los crudos colores de una soga de comba,
con el chorro sin rienda
de una fuente sajada en el pecho del mundo,
con anónimos hilos
de arroyos que no dieron sus cauces a los mapas;
aunque de chamba viva
aquel en cuya risa se hicieron cambalaches
de estampas y de versos. 

"Los sitios y los dones". Manzanares, Ciudad Real. 2005

miércoles, 6 de julio de 2016

Fragmentos de una risala para Mohamed Doggui















(Medina de TÚnez. Café de los hombres santos)

A mediodía, cuando en ascuas el mar
contemple la medina
con cenital descaro de novio adolescente
y las moscas asedien rosaledas de hule
adonde caigan pétalos de alcuzcuz delicioso,
ve al M’rabet y dibuja
en el vapor de un vaso la menta de mi nombre,
y averigua de un trago si estuvo allí mi vida,
allí, sobre el rescoldo de vuestros hombres santos.

(NOCTURNO EN hammamet)

Enjalbegadas cúpulas
no se arrogan turgencia ni lunar manoseo.
Más bien todo parece decorarse a sí mismo
con esa sobriedad voluptuosa 
que no permite otro deseo que el suyo.

De "Risalat". Lepe. Huelva. 2002


Manifiesto de la Asociación Internacional Humanismo Solidario en apoyo a Mohamed Doggui y a la libertad de expresión en Túnez


viernes, 17 de junio de 2016

Isla de León












este fango es la pulpa de tus siglos atávicos
y el océano una inmensa clepsidra que te abraza

a hurgar vengo tus calmos arrabales sin sueño
a mariscar los brillos fecundos de tus sombras

ciegas valvas renuevan en mi piel las heridas
cuando halo del hilo umbilical y emergen
los vermes candeales con los que me alimentas

avanzo    a duras penas     por la blanda alegría
que amasan las mareas    el pulso prodigioso
de los celestes cuerpos en cósmico equilibrio

avanzo sí     y escarbo    y alzo entre mis manos
atlásicas las pellas chorreantes    untuosas
y palpo allí los dones de tu entraña nutricia

hondo es mi rastro    empero un instante perdura
lo que tardan las aguas en henchir la versátil
areola que ciñe el feraz promontorio
donde anida y se asela tu resplandor de isla

de caminarte traigo los fémures exhaustos
de sembrarme en tu orilla y orear tus adentros


(De: "Vulnerable a la luz", Col. Provincia. ILC, 2007)

miércoles, 8 de junio de 2016

Un poema de Josela Maturana














La taxidermia de la escritura

El poema que se empieza a escribir y jamás se acaba
se inicia con la ondulación y la inercia dorada de la esperanza,
luego va llegando la celebración de algo imprevisto,
un sabor cítrico y reverberante que ya se ha soñado,
un invalidado clamor que se hereda en las voces nunca oídas,
llega una pleamar de paisaje que todo lo desbroza,
una solar evidencia de felicidad en otra perspectiva iluminada,
se escribe con el fármaco del olvido y el descrédito de lo que no regresará,
pero se escribe cuando la caléndula atesora la brasa y la ruptura de lo que se fue,
se escribe, sabiendo que no se acabará ese dictado de la serenidad que describe
la anestesia pura y bendecida de los animales y los árboles que permanecerán,
sabiendo que lo anónimo es una disidencia quebrada por lo poderoso,
que nos invade la luz del ocaso y envuelve el aire de la habitación,
que recordamos la cacería y que somos cómplices del amor denegado,
y se escribe para reafirmar que queremos ser arrollados por lo indecible,
arrollados por lo inaudito, lo irremediable, lo impasible,
escribir lo indecible y detenerlo, para que suceda, para que seamos,
aunque nada suceda, amor, lo indecible, para que seamos.

(Josela Maturana. "El palpitante animal de la tristeza". Ed. Vitruvio. Madrid. 2015)